A MADURO LE FALTA UN HERVOR

Me veo obligado a confesar que conozco poco de los usos y costumbres de la diplomacia internacional y por eso me gustaría que alguien me explicase lo que está pasando entre nuestro Gobierno y ese señor de Venezuela que por lo visto pasó de conductor de autobuses a líder bolivariano y ahora nos insulta pública y abiertamente.

Según he sabido por la prensa nos acusa (es al gobierno de España) de «apoyar al terrorismo» y de que nuestro máximo mandatario forma parte de «un grupo de bandidos, de corruptos y de ladrones».

Hombre para “poner a caldo” a nuestros gobernantes ya nos bastamos nosotros pero que venga a reprocharnos nada un personaje, en cuyo país y bajo cuyo mandato, hay más muertes en época de paz que en otros en tiempos de guerra, me parece un auténtico sarcasmo.

A la vista de lo ocurrido hemos llamado a nuestro embajador “a consultas”. No entiendo muy bien que le queremos consultar y me pregunto si no sería mas adecuado llamar al de Venezuela y preguntarle qué es lo que le ocurre a ese señor que amenaza con venir con lanzas a Europa y ensartar , supongo, a nuestro bien amado presidente, ya se que no es bien amado por todos pero en momentos de amenaza exterior debemos mostrarnos unidos.

Esta mañana he leído en los diarios que volvemos a mandar a nuestro embajador a Caracas. Se ve que las consultas que se le ha hecho han surtido efecto y aprovechando que Maduro ha dicho que tenga cuidado Rajoy porque va a salir derrotado y que mas vale que coja su mano, con lo que, al menos no podrá empuñar la lanza, pelillos a la mar y nuestro esforzado embajador otra vez a su sitio.

A mi me parece que no valía la pena haberlo traído de Venezuela. En primer lugar porque si era un gesto internacionalmente aceptado, que los gobiernos de otros países saben valorar, es obvio que este Maduro en cuestiones de diplomacia internacional está también bastante verde, con lo que seguramente resultó inútil; y en segundo lugar porque no parece que haya bajado el tono de sus bravatas propias de un arriero de los de antes.

Claro, a no ser que nuestro Margallo que debe ser un hombre bastante avispado, se haya dicho “tate ….., este personaje necesita como agua de mayo un enemigo exterior que le sirva para que los venezolanos piensen: los enemigos exteriores, en concreto España, nos atacan, unámonos todos con nuestro heroico presidente en defensa de la patria.” Y así de paso que defienden la patria se defiende Maduro de sus calamidades nacionales que son clamorosas.

El truco no es nuevo pero, según en qué países, suele dar resultado. Es, en el fondo de todo, equivalente a aquel “panem et circenses” que utilizaban los emperadores romanos.

Lo que pasa es que, con lo que ha llovido desde los romanos hasta nuestros días, trampa tan burda exige tragaderas de pozo con amplio brocal.

Con la cantidad de cosas que tiene que resolver Rajoy dentro de casa como para permitirse el lujo de embarcarse en conspiraciones internacionales, que si Sánchez quiere enseñarle como los socialistas superan las crisis económicas tomando como modelo a Zapatero, que si Pablo Iglesias, en un alarde de modernidad, quiere llevar a España a la revolución comunista del 17, que si Ciudadanos va a utilizar como estribo las promesas electorales incumplidas, etc, etc. Total auténticos tifones que se atisban por el horizonte.

Quizá la mejor solución sea la que se ha adoptado, que nuestro embajador visite a sus amigos y familia en España, que se tome unos vinos por su ciudad natal y que vuelva Caracas sin mas dilación. En mi tierra dirían que a Maduro le falta un hervor.

OSTENSIÓN DE LA LA SABANA SANTA EN TURÍN

Razón y fe se relacionan en un objeto único; la Sindone

«Aun  siendo un no creyente no deja de ser algo muy impactante» fue el comentario de una pareja italiana durante un breve intercambio amistoso en un ascensor de hotel. Se referían  a la sábana santa cuya ostensión pública que comenzó el pasado 19 de abril en la catedral de Turín terminará el 24 de junio poco después de la visita de dos días del papa Francisco.

La sábana, sindone en hebreo antiguo, fue y es objeto de análisis por científicos de diversas disciplinas desde la medicina forense a la historia, la  física nuclear o la biología y ha sido sometida a un programa informático de la NASA que muestra el positivo en relieve de la imagen negativa contenida en la tela, cosa que no sucede con ningún negativo normal de fotografía. La polémica de la datación del lienzo mediante la técnica del carbono 14, debido a las conclusiones sobre la edad medieval de la tela y la negación de la validez de esa prueba por científicos que destacan la fuerte contaminación por bacterias y la presencia de restos de algodón en el trozo utilizado, manifiesta una vez más una cierta ambigüedad que deja siempre  una puerta abierta a la fe en lo relativo a la presencia de Cristo, persona divina y humana, en la historia de la humanidad. Una imagen que no se sabe como ha podido producirse, un negativo en el que la densidad de cada punto está relacionada con el relieve del cuerpo, en la que no hay pigmentos, características únicas e irreproducibles con las técnicas actuales, hacen de la sindone un objeto único. No se puede, ni se podrá, demostrar científicamente que el cuerpo que envolvió esa sábana fue el de Cristo pero si es comprobable científicamente que ese cuerpo sufrió un trato prácticamente similar al que según los evangelios sufrió nuestro Señor desde su condena a muerte hasta su sepultura. Los análisis de las señales existentes en la tela indican, al no haber rastro de los restos que debería haber dejado un cuerpo en descomposición, que esas señales se produjeron instantes antes de la suspensión del contacto de ese cuerpo con la tela que lo cubría.

Una especie de relación diálogal entre ciencia y fe se hace patente en la atmósfera que rodea la nueva ostensión de la santa sábana. Diálogo sobre el que el Papa Juan Pablo II señaló que «La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre si mismo»

Rostro sindone     Imagen del rostro de la sindone al invertir el negativo                                                              Plaza de Turin

Quien  decida ir a Turín también experimentará el gozo de una ciudad que parece pensada para ser disfrutada paseando bajo sus soportales, contemplando su arquitectura, sus grandes plazas y una gastronomía muy italiana y de buena calidad.

Y por la noche una «apericena» con una buena bebida aperitivo y canapés variados en algún restaurante especializado como el de la piazza San Carlo cercano a las iglesias de santa Cristina y san Carlos que vale la pena visitar. Los amantes del arte pueden aprovechar las exposiciones de sobre obras de Tamara Lempika o Modigliani y el museo de arte egipcio considerado el mes importante del mundo después de el de El Cairo.

¡Ah¡ y un consejo; si reserva por internet día y hora para entrar en la catedral, lo que es totalmente recomendable, al final del proceso de seguridad elija la parte izquierda de la cola. Me lo agradecerá.

SIN EXCLUSIONES

La dignidad de la persona, de toda persona humana, exige respeto en toda circunstancia y para toda peculiaridad individual. Por ello ha de ser proclamada la igualdad esencial de varones y mujeres, dentro de las características esenciales que corresponden a la especie humana.  “La Iglesia, con el debido respeto por la diversa vocación del hombre y de la mujer, debe promover en la medida de lo posible en su misma vida su igualdad de derechos y de dignidad; y esto por el bien de todos, de la familia, de la sociedad y de la Iglesia” (S. JUAN PABLO II. Exhort. Apost. Familiaris consortio, n. 23).

La igual dignidad y características esenciales de varones y mujeres no significan una uniformidad, que sería un enorme empobrecimiento de la condición y de la convivencia humana. Gracias a Dios los varones somos distintos de las mujeres y viceversa. Con diversas capacidades y modos de ser y actuar.  “Es evidente sin embargo que todo esto no significa para la mujer la renuncia a su femineidad ni la imitación del carácter masculino, sino la plenitud de la verdadera humanidad femenina tal como debe expresarse en su comportamiento, tanto en familia como fuera de ella, sin descuidar por otra parte en este campo la variedad de costumbres y culturas” (idem).

¿Por qué, entonces se insiste tanto en los derechos de la mujer? Porque hay una larga y lamentable tradición milenaria de discriminaciones y de exclusión social de la persona femenina. En las circunstancias actuales el materialismo ambiental contribuye a esta minusvaloración. “Desgraciadamente el mensaje cristiano sobre la dignidad de la mujer halla oposición en la persistente mentalidad que considera al ser humano no como persona, sino como cosa, como objeto de compraventa, al servicio del interés egoísta y del solo placer; la primera víctima de tal mentalidad es la mujer” (idem, n. 24)

Bien se puede decir que la mujer es más frágil que el varón ante la pérdida de los auténticos valores humanos y cristianos, aunque todos somos vulnerables. “Esta mentalidad produce frutos muy amargos, como el desprecio del hombre y de la mujer, la esclavitud, la opresión de los débiles, la pornografía, la prostitución -tanto más cuando es organizada- y todas las diferentes discriminaciones que se encuentran en el ámbito de la educación, de la profesión, de la retribución del trabajo, etc.” (idem).

Las exclusiones en perjuicio de la mujer no son sólo cosas del pasado, sino una pesada carga que arrastramos en estos comienzos del siglo XXI: “Además, todavía hoy, en gran parte de nuestra sociedad permanecen muchas formas de discriminación humillante que afectan y ofenden gravemente algunos grupos particulares de mujeres como, por ejemplo, las esposas que no tienen hijos, las viudas, las separadas, las divorciadas, las madres solteras” (idem).

(rafaelbalbin@yahoo.es)

PERPLEJO ESTOY CON ALGUNA COSTUMBRE POSMODERNA

Perplejo estoy con lo que viene sucediendo de manera casi habitual. Resulta que se malgastan o se desvían a destino indebido, cientos o miles de millones de Euros y cuando uno piensa que el principal responsable dará cuenta detallada de cómo pudo ocurrir tal tropelía, este se descuelga diciendo que no se ha enterado de nada y que él se limitaba a firmar sin fijarse en lo que le ponían delante.

Propongo que en el juramento que los grandes capitostes deben prestar al tomar posesión de sus cargos, figure un punto que diga:…xxx) Juro por Dios o por mi honor ( este último comporta menos riesgos) fijarme en lo que firmo y estar en lo que celebro.

A ver si de esa forma soslayamos este problema que se nos plantea cuando los altos dirigentes firman sin mirar documentos que comportan gastarse nuestro dinero alegremente. ¿Estarían igual de distraídos si la firma supusiera el gasto de su propio dinero?

A mi me parece que nosotros, no sé si todos los latinos o los españoles en particular, tenemos poco respeto por el dinero del contribuyente, uno tiene la impresión de que a los sajones la manera como se utilice ese capítulo vital del gasto, les impresiona mucho más y lo persiguen “a muerte”.

Aquí cuando uno se lleva el dinero de los huérfanos de la Guardia Civil o el de los parados , o el de las aportaciones a los partidos o se toma a Hacienda-y ojo que hacienda somos todos- por el “pito del sereno”, no ocurre gran cosa.

¿Cómo es posible que algo tan elemental como que la gente devuelva el dinero que roba no se nos haya ocurrido hasta ahora? Por cierto que no sé si ya está en vigor o es, como tantas cosas, un proyecto legal remitido “ad kalendas graecas”.

También es bastante curioso que la reacción “aguas arriba”, en su partido, organización o lo que sea, consista en decirnos que ya han perdido perdón, que ya han confesado sus errores, poco mas o menos que “qué más queremos” dando el tema por zanjado; pero mas curioso aun es que no les recordemos que una institución tan sabia como la Iglesia Católica exige desde hace dos mil años, después de la contrición de corazón, y la confesión de boca, la “Satisfacción de obra”. Es decir la reparación del daño causado; vamos ¡la devolución de los “cuartos”!.

“Hemos tomado las medidas para que no vuelva a ocurrir”, dice alguien muy serio y aparentemente convencido. ¿Pero tan difícil era prever que la gente puede quedarse con lo que no es suyo y poner la venda antes de sufrir la herida?

Dirigir es prever, dicen los expertos en dirección de empresas. No tengo espacio pero puede hacerse un buen tomo con la previsión de las cosas que los seres humanos podemos hacer en beneficio propio y a costa de los demás. Por lo menos podrían leer lo que ya se escribía a principios de del siglo XIX porque seguimos haciendo agua por las mismas grietas.

“En tiempos de las bárbaras naciones,
colgaban de las cruces los ladrones.
Mas ahora, en el Siglo de las Luces,
del pecho del ladrón cuelgan las cruces” (Ugo Fóscolo 1778-1872)

MUJERES

En esa Carta Magna de la familia que es la Exhortación Apostólica Familiaris consortio de S. Juan Pablo II, no podía faltar una neta enseñanza acerca de la dignidad y la misión de las mujeres: “De la mujer hay que resaltar, ante todo, la igual dignidad y responsabilidad respecto al hombre; tal igualdad encuentra una forma singular de realización en la donación de uno mismo al otro y de ambos a los hijos, donación propia del matrimonio y de la familia. Lo que la misma razón humana intuye y reconoce, es revelado en plenitud por la Palabra de Dios; en efecto, la historia de la salvación es un testimonio continuo y luminoso de la dignidad de la mujer” (n. 22).

En efecto, la persona humana se realiza por igual bajo las dos modalidades de varón y de mujer. “Creando al hombre <varón y mujer>, Dios da la dignidad personal de igual modo al hombre y a la mujer, enriqueciéndolos con los derechos inalienables y con las responsabilidades que son propias de la persona humana” (idem). De forma paradigmática:  “Dios manifiesta también de la forma más elevada posible la dignidad de la mujer asumiendo El mismo la carne humana de María Virgen, que la Iglesia honra como Madre de Dios, llamándola la nueva Eva y proponiéndola como modelo de la mujer redimida” (idem).

El Nuevo Testamento está lleno de testimonios acerca del papel protagónico que a la mujer corresponde: “El delicado respeto de Jesús hacia las mujeres que llamó a su seguimiento y amistad, su aparición la mañana de Pascua a una mujer antes que a los otros discípulos, la misión confiada a las mujeres de llevar la buena nueva de la Resurrección a los apóstoles, son signos que confirman la estima especial del Señor Jesús hacia la mujer. Dirá el Apóstol Pablo: <Todos, pues, sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. No hay ya judío o griego, no hay siervo o libre, no hay varón o hembra, porque todos sois uno en Cristo Jesús>” (idem).

En esta valoración de la personalidad femenina es preciso progresar: “no se puede dejar de observar cómo en el campo más específicamente familiar una amplia y difundida tradición social y cultural ha querido reservar a la mujer solamente la tarea de esposa y madre, sin abrirla adecuadamente a las funciones públicas, reservadas en general al hombre [varón]” (idem, n. 23).

No tendría por qué haber una contraposición entre el trabajo fuera del hogar y las tareas domésticas. “No hay duda de que la igual dignidad y responsabilidad del hombre y de la mujer justifican plenamente el acceso de la mujer a las funciones públicas. Por otra parte, la verdadera promoción de la mujer exige también que sea claramente reconocido el valor de su función materna y familiar respecto a las demás funciones públicas y a las otras profesiones. Por otra parte, tales funciones y profesiones deben integrarse entre sí, si se quiere que la evolución social y cultural sea verdadera y plenamente humana” (idem).

Las condiciones culturales y legales deben ayudar a la integración entre las labores externas y las domésticas. “Si se debe reconocer también a las mujeres, como a los hombres, el derecho de acceder a las diversas funciones públicas, la sociedad debe sin embargo estructurarse de manera tal que las esposas y madres no sean de hecho obligadas a trabajar fuera de casa y que sus familias puedan vivir y prosperar dignamente, aunque ellas se dediquen totalmente a la propia familia” (idem).

Se precisa un doble cambio cultural: el primero se refiere a la valoración de las funciones públicas de las mujeres, que en buena parte ya se ha producido en nuestras sociedades occidentales. Pero falta la valoración de las labores intrafamiliares.  “Se debe superar además la mentalidad según la cual el honor de la mujer deriva más del trabajo exterior que de la actividad familiar. Pero esto exige que los hombres estimen y amen verdaderamente a la mujer con todo el respeto de su dignidad de persona, y que la sociedad cree y desarrolle las condiciones adecuadas para el trabajo doméstico” (idem).

EI: ¿Estaremos ciegos y no lo sabemos?

Desde que ha extendido sus tentáculos el autodenominado Estado Islámico, han comenzado las matanzas de cristianos en masa- un verdadero genocidio- y esa figura tétrica de los llamados lobos solitarios ha seguido sembrando su crueldad por el mundo. Muchos nos preguntamos por qué ciudadanos occidentales más o menos insertados en nuestra sociedad, compatriotas nuestros, de los europeos, se deciden a dejar su casa, el ambiente en el que viven y se marchan a tratar de imponer la ley del Islam a disparos de metralleta o a tajo de machete en el cuello.

Ya cuesta trabajo entender como alguien pueda poner su esperanza en desarrollar una sociedad en la que no se pueda disentir de nada y en la que se anule toda libertad bajo amenaza de pena capital.

Pero que se embarquen en la autoría de ese genocidio, occidentales de toda la vida y vecinos nuestros, plantea interrogantes nada sencillos de responder. Porque claro, miedo da decirlo, pero una cierta forma de idealismo, aunque sea una aberración, profesan.

¿ Cuantos de nosotros estaríamos dispuestos a volar por los aires hechos fosfatina para extender nuestras creencias por el mundo?

¿ Será que hemos creado una forma de vivir en la que solo se persigue el bienestar material individual y la satisfacción de los sentidos y eso para ellos no es suficiente?

¿ Tendrá esta situación algo que ver con una cultura, la nuestra, que en la práctica prescinde y desprecia cualquier visión trascendente de la vida?

¿Podría haber influido en estos bárbaros el relativismo moral en el que estamos inmersos? ¿ La idea de que la verdad depende de la mayoría y no existen verdades absolutas?

¿ Será una forma de rebelión, tal vez inconsciente, frente a una sociedad que, con frecuencia desprecia la vida, sobre todo la de los concebidos y aun no nacidos? Puede que piensen “si para estos la vida de una persona vale tan poco ¿ Que nos reprochan?”

Tal vez también tenga que ver con lo que encierra la tremenda frase de Santo Tomás de Aquino “Temo al hombre de un solo libro”. Tener un solo libro, creerse que uno está en posesión de la verdad absoluta y tratar de imponerla a ráfaga de metralleta o a tajo de machete, produce bastante inquietud.

A lo mejor ha llegado la hora de hacer examen de conciencia en serio, dejando al margen las superficialidades habituales y recurrir a planteamientos rigurosos sobre los principios en los que creemos o en las cosas que deberíamos creer, de qué cultura procedemos y qué vale la pena proteger, incluso con la vida si fuera necesario, en definitiva proceder a un rearme moral en toda regla.

Esta Europa blanda y comodona puede encontrarse cualquier día con que vuelven a estar en vigor los versos de Espronceda de la Canción del Cosaco:

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra!

La Europa os brinda espléndido botín…

En vez de cosacos serán, las huestes del Estado Islámico y tal vez Europa sea todo el mundo occidental.

BREVE ENCUESTA PARA ASPIRANTES A POLÍTICOS

Puesto que se acercan tiempos electorales y que vamos a ser sometidos a ese torbellino de encuestas, debates, promesas , reproches y no sé cuantas cosas mas, me gustaría aportar mi pequeño grano de arena por si pudiera ayudar en algo. No quisiera que, por el contrario, ocurriera lo que pasaba con mi profesor de matemáticas que después de llenar dos pizarras inmensas de formulas y números, decía: “Y ahora para aumentar la confusión vamos a poner un ejemplo”.

Breve encuesta para gente que quiera dedicarse a la política

  1. ¿Se avergonzaría usted de ofrecer a sus posibles electores cosas que sepa no puede cumplir?
  2. ¿Siente usted vergüenza ajena cuando contempla en los mítines esa especie de soflamas que colocan los políticos actuales como si estuvieran la mar de enfadados y fuéramos tontos?
  3. ¿No le parece descabellado que tratemos de incitar a la gente normal a resucitar a los cadáveres de 1917 o de 1939 sabiendo que están mas muertos que Matusalén?
  4. ¿No cree usted que deberían ponerse cifras a las promesas electorales en lugar de ofrecer “el oro y el moro” para hacer comulgar a la gente con ruedas de molino?
  5. ¿No le parece que debería existir un procedimiento para expulsar de la política a toda persona que mienta claramente en el desarrollo de su labor?
  6. ¿Comparte conmigo la idea de que para ocupar determinados cargos públicos es preciso tener una cierta preparación intelectual y técnica? ¿Cómo es posible que se exija cierto nivel de formación para cualquier labor pero no para la política, es que para eso vale cualquiera?
  7. ¿Estaría usted de acuerdo en que todo político que incumpla sus promesas electorales deba ser retirado del puesto que ocupa por mentiroso. ¿No le parece que faltar a esas promesas es tomar el pelo a sus votantes? ¿No cree que aceptar que nos mientan nos degrada a todos?
  8. ¿Le parece que los políticos de España deben ser capaces de pronunciar ese nombre y “nuestra patria” sin tener que acudir a “este país” victimas de no se qué complejo absurdo? ¿Por qué los políticos ingleses citan al Reino Unido, los franceses a La Francia, los alemanes a Alemania y los nuestros e “este país”?
  9. ¿Convendría usted conmigo que los políticos españoles deberían aceptar nuestra historia tal como es, conscientes de que todos los países presentan luces y sombras en su trayectoria vital y que la de España no envidia a ninguna? ¿Admira usted a personajes como Francisco de Vitoria, Hernán Cortés, Cervantes ,Blas de Lezo, Severo Ochoa, Pizarro, Lope de Vega etc, etc.?
  10. ¿Le parece a usted que pretender una convivencia de cierto nivel ético en la sociedad exige inexorablemente un comportamiento de ese mismo tono por parte de los individuos que la componen? ¿No le parece absurdo esperar de un golfo en lo personal un comportamiento ético en lo público?

 

Sistema de valoración:

Si han sido afirmativas todas las respuestas, preséntese usted a las elecciones somos muchos los que le estamos esperando

Si han sido ocho positivas y dos negativas preséntese también, pero mientras llega la hora de votar, reconsidere de nuevo sus respuestas.

Si son menos , por favor déjenos en paz y dedíquese a cualquier otra cosa, España “este país”, se lo agradecerá.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL AMBIENTE FAMILIAR EXIJE ESFUERZO

Para designar un ámbito agradable y acogedor se utiliza con frecuencia la expresión de ambiente familiar. Sea para la propaganda de un restaurante, de un local comercial o de reunión social, esta expresión evoca algo deseado o añorado por mucha gente.

El auténtico ambiente familiar se apoya en la unión de los esposos, que está en la base de la familia.”La comunión conyugal constituye el fundamento sobre el cual se va edificando la más amplia comunión de la familia, de los padres y de los hijos, de los hermanos y de las hermanas entre sí, de los parientes y demás familiares” (SAN JUAN PABLO II, Exhort. Apost. Familiaris consortio, n. 2).

Mal podría haber una fraterna convivencia social si la unión de las personas no comienza por la familia. Si la familia no está unida, tampoco la sociedad en su conjunto lo estará. Habrá una cierta tolerancia, una cortesía mínima, pero nada más. Se cumpliría el dicho venezolano de que Fulano es <luz en la calle y oscuridad en la casa>. “Esta comunión radica en los vínculos naturales de la carne y de la sangre y se desarrolla encontrando su perfeccionamiento propiamente humano en el instaurarse y madurar de vínculos todavía más profundos y ricos del espíritu: el amor que anima las relaciones interpersonales de los diversos miembros de la familia, constituye la fuerza interior que plasma y vivifica la comunión y la comunidad familiar” (idem).

Todo ello viene reforzado, para los cristianos, por la eficacia del Sacramento del matrimonio. “La familia cristiana está llamada además a hacer la experiencia de una nueva y original comunión, que confirma y perfecciona la natural y humana. En realidad la gracia de Cristo, <el Primogénito entre los hermanos>, es por su naturaleza y dinamismo interior una <gracia fraterna> como la llama Santo Tomás de Aquino” (idem).

El buen ambiente familiar es responsabilidad compartida de cada uno de los familiares. “Todos los miembros de la familia, cada uno según su propio don, tienen la gracia y la responsabilidad de construir, día a día, la comunión de las personas, haciendo de la familia una <escuela de humanidad más completa y más rica>: es lo que sucede con el cuidado y el amor hacia los pequeños, los enfermos y los ancianos; con el servicio recíproco de todos los días, compartiendo los bienes, alegrías y sufrimientos” (idem).

La familia es la comunidad educativa por excelencia. “Un momento fundamental para construir tal comunión está constituido por el intercambio educativo entre padres e hijos, en que cada uno da y recibe. Mediante el amor, el respeto, la obediencia a los padres, los hijos aportan su específica e insustituible contribución a la edificación de una familia auténticamente humana y cristiana” (idem). En la medida en que los padres ejerzan su autoridad como un servicio a los hijos, contando con la libertad de éstos, “y también si los padres mantienen viva la conciencia del <don> que continuamente reciben de los hijos” (idem).

El buen ambiente familiar no viene dado por sí mismo, automáticamente. “La comunión familiar puede ser conservada y perfeccionada sólo con un gran espíritu de sacrificio. Exige, en efecto, una pronta y generosa disponibilidad de todos y cada uno a la comprensión, a la tolerancia, al perdón, a la reconciliación” (idem).

¿Por qué sufrir?

El ser humano tiende siempre y necesariamente a ser feliz. Y, sin embargo, se encuentra frecuentemente con el dolor y el sufrimiento. Esta experiencia puede provocar un profundo desconcierto, y hasta una crisis en la fe y en la esperanza. Pero no hay razón para ello. “El cristiano sabe que siempre habrá sufrimiento, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona y, de este modo, puede constituir una etapa de crecimiento en la fe y en el amor. Viendo la unión de Cristo con el Padre, incluso en el momento de mayor sufrimiento en la cruz (cf. Mc 15,34), el cristiano aprende a participar en la misma mirada de Cristo” (Papa FRANCISCO, Enc. Lumen fidei, n. 56).

El sufrimiento nos hace más humanos, en cuanto quebranta la dureza de nuestro corazón. Cuando sufrimos aprendemos a com-padecernos del sufrimiento de los demás. “La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo. ¡Cuántos hombres y mujeres de fe han recibido luz de las personas que sufren! San Francisco de Asís, del leproso; la Beata Madre Teresa de Calcuta, de sus pobres. Han captado el misterio que se esconde en ellos. Acercándose a ellos, no les han quitado todos sus sufrimientos, ni han podido dar razón cumplida de todos los males que los aquejan. La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habiendo soportado el dolor, « inició y completa nuestra fe » (Hb 12,2)” (idem, n. 57).

Desconfiemos de una felicidad consumista, prefabricada. El sufrimiento tiene un sentido, que toca a cada uno descubrir. “En unidad con la fe y la caridad, la esperanza nos proyecta hacia un futuro cierto, que se sitúa en una perspectiva diversa de las propuestas ilusorias de los ídolos del mundo, pero que da un impulso y una fuerza nueva para vivir cada día. No nos dejemos robar la esperanza” (idem).

El creyente sabe que no está solo ante el infortunio. “María lo acompañará hasta la cruz (cf. Jn 19,25), desde donde su maternidad se extenderá a todos los discípulos de su Hijo (cf. Jn 19,26-27). También estará presente en el Cenáculo, después de la resurrección y de la ascensión, para implorar el don del Espíritu con los apóstoles (cf. Hch 1,14)” (idem, n. 59).

IDENTIDAD DEMOCRÁTICA Y REVOCACIÓN DEL PODER

Tras la acentuación de los problemas derivados en las sociedades occidentales por la asunción de un criterio multicultural de integración de oleadas de emigrantes y del costo, a veces sangriento, que ha habido que pagar como consecuencia de esa política, la idea de que es preciso salvaguardar a la sociedad abierta de sus cada vez más numerosos enemigos infiltrados entre los acogidos, ha ido tomando cuerpo en la opinión de muchos ciudadanos. El principio es fácil de enunciar pero difícil de articular. Se corre el riesgo de que las medidas que se proponen para asegurar la sociedad libre entre iguales impliquen alguna renuncia a los principios de libertad e igualdad que se tratan de proteger.

La fórmula que razonamos para la resolución de estos conflictos es la tácita o expresa suscripción de una identidad básica resolutiva que denomino “identidad democrática”.

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