MOMENTOS LUMINOSOS

En la vida de cualquier hombre se suceden y alternan acontecimientos variados, unos alegres, otros dolorosos, otros que no tienen un color especial, al menos externamente, porque se repiten a diario.

Jesucristo quiso hacerse hombre verdadero, compartir todo lo nuestro, excepto el pecado; si bien asumió nuestros pecados para liberarnos de ellos. En las jornadas de su vida pública, hay algunos momentos especiales de luz.

            Uno de ellos, como un paréntesis en la vida pública de Jesús, es su Transfiguración. Después de que Pedro confesó su fe de que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios vivo, el Maestro “comenzó a mostrar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén, y sufrir… y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día” (Mateo 16, 21), cosa que ni Pedro ni los demás comprendieron. Ocurrió poco después el hecho de la Transfiguración de Jesús, en el monte Tabor, ante tres de los Apóstoles: Pedro, Santiago y Juan. “El rostro y los vestidos de Jesús se pusieron fulgurantes como la luz, Moisés y Elías aparecieron y le «hablaban de su partida, que estaba para cumplirse en Jerusalén» (Lucas 9, 31). Una nube les cubrió y se oyó una voz desde el cielo que decía: «Este es mi Hijo, mi elegido; escuchadle» (Lucas 9, 35)” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 554).

Jerusalén; Basílica de Getsemaní

            En esta escena Jesús les mostró por unos momentos su gloria, a la vez que les señalaba que antes era preciso padecer y morir: la Redención de la humanidad se haría a través de los sufrimientos y de la muerte ignominiosa en la Cruz. Se escucha la voz del Padre celestial y se hace presente el Espíritu Santo como una nube que les envuelve. Es como un anticipo de la Resurrección de Cristo, “el cual transfigurará este miserable cuerpo en un cuerpo glorioso como el suyo” (Filipenses 3, 21), pero sin olvidar que “es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios” (Hechos de los Apóstoles 14, 22).

Jerusalen; Muro de las Lamentaciones y mezquita de Al Aqsa

            Cuando se acerca el momento previsto en los planes de Dios, Jesús se encamina resueltamente hacia Jerusalén, habiendo anunciado por tres veces a sus discípulos la necesidad de padecer y morir, y después resucitar, para llevar a cabo la redención de nuestros pecados; “No cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén” (Lucas 13, 33). Numerosos profetas, enviados por Dios, habían sufrido el martirio en la ciudad. Jesús sufre y llora ante la dureza de corazón de los hijos de Jerusalén: “¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas y no habéis querido!” (Mateo23, 37).

Murallas de Jerusalén

            La entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén, el domingo de ramos, es otro momento de luz. El había rehuido siempre los intentos populares de hacerle rey, un rey político o temporal al estilo humano. En esta ocasión prepara todos los detalles para entrar en la ciudad de David. Allí es aclamado como hijo de este rey, como el que trae la salvación. Pero el Rey de la Gloria entra en la ciudad sobre un asno, con una cabalgadura humilde, lejos de la fuerza y del boato de los reyes de este mundo. Le alaban los pequeños y los sencillos: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Salmo 118, 26).

            Este momento de luz es también fugaz. “La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su Muerte y de su Resurrección (…). La Iglesia permanece fiel a la «interpretación de todas las Escrituras» dada  por Jesús mismo, tanto antes como después de su Pascua: «¿No era necesario que Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» (Lucas 24, 26-27.44-45). Los padecimientos de Jesús han tomado una forma histórica concreta por el hecho de haber sido «reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas» (Marcos 8, 31), que lo «entregaron a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle» (Mateo 20. 19)” (Catecismo…, n. 560 y 572).

Rafael María de Balbín. (rbalbin19@gmail.com)

Fotos: Agustín Alberti

UNA REVOLUCIÓN CULTURAL

A nivel mundial se está desarrollando una auténtica revolución, que no se impulsa con barricadas, atentados dinamiteros ni golpes militares. Se trata de la ideología de género, pseudo-antropología, con pretensiones de reingeniería social planetaria.

Comenzó como un derivado del movimiento feminista, que buscaba objetivos muy loables: El reconocimiento de la dignidad de la mujer y la igualdad con el varón en derechos civiles. Al radicalizarse ideológicamente, el feminismo desbordó estos parámetros para propugnar la revolución sexual. La píldora anticonceptiva ofreció la herramienta tecnológica.

El preconcepto inicial de la ideología de género es la negación de la naturaleza humana.

La ideología de género lleva a cabo una reinterpretación de la historia y de la cultura. Ha surgido el nuevo gremio de los especialistas en género: que proliferan en gobiernos, planes educativos y empresas transnacionales. Con el factor común del rechazo de la maternidad, del trabajo doméstico y de las obligaciones matrimoniales.

Negación de la naturaleza humana

El preconcepto inicial es la negación de la naturaleza humana. El ser humano sería una materia informe que hay que modelar y dotar de sentido. No habría características propias de cada sexo, ni siquiera en la vida psíquica. La homosexualidad no sería antinatural y la heterosexualidad no sería natural. Al negar la naturaleza humana  se separa el cuerpo de la psiquis. En consecuencia habría que cambiar la cultura, porque varones y mujeres serían absolutamente idénticos.

Según esta concepción: frente a las evidentes diferencias biológicas, el sexo natural sería intrascendente y lo decisivo sería la psiquis, que no tendría relación con el sexo corporal. Aunque las estadísticas muestren que determinadas conductas se dan mayoritariamente en varones y otras en mujeres, las diferencias biológicas no tendrían ninguna significación antes de ser interpretadas, ya que serían una mera construcción de la sociedad.

Noción de Género

Propugnan la noción de género, que sería el sexo construido socialmente (algo así como un  rol convencional). Cada persona construiría su género. Con reingeniería social se podría transformar la percepción natural del género (imposición totalitaria);  tal como admite Simone de Beauvoir: “Ninguna mujer debería estar autorizada para quedarse en casa a criar los hijos… Las mujeres no deberían tener esa opción, precisamente porque si existe esa opción, demasiadas mujeres optarán por ella”.

Si se niega la naturaleza humana, y la dualidad de la persona humana como varón o como mujer,  no habría ningún condicionamiento antropológico, ni biológico ni psicológico, relativo a la sexualidad. Cada ser humano tendría autonomía absoluta para construir su propio género.

El objetivo final de esta revolución es la completa eliminación de las diferencias sexuales en los seres humanos, para construir un “mundo nuevo”.  Para eso hay que luchar contra el “patriarcado” y la “familia tradicional”.  El sexo estaría solamente al servicio del placer: Todo vale.

Rafael María de Balbín. (rafaelbalbin@yahoo.es)

NO PIENSO RETIRAR NINGUN RETRATO

Parece ser que los viejos nos repetimos en nuestras afirmaciones. Es posible que en la recta final estemos convencidos de algunas cosas. Aunque  atravesemos  tiempos de dudas y se tambaleen algunas creencias, es muy duro hacernos cambiar de parecer y más por motivos fútiles y de dudoso fundamento.

Don Juan Carlos y DªSofía dedican su foto al autor de este artículo y su esposa Lola

Llevo muchos años diciendo ¡Viva España!, ¡Viva el Rey!  No va a ser ahora cuando empiece a maldecir a mi patria y a mi rey.

Me va a ser difícil, y además no me da la real gana, pasarme al ¡Viva la república! Tampoco voy a hacerme partidario de patíbulos y guillotinas. No proclamaré que aspiro a un “Collado Mediano independiente y marítimo”; mis amigos me lo han oído decir muchas veces. Cambiar la sociedad quitando de en medio sus columnas y muros maestros sería como  hacer una tortilla española sin patatas ni huevo, aunque pudiera suprimir la cebolla, en contra de mi gusto. 

No quiero cambiar a mis compatriotas; espero sigan siendo ciudadanos libres, autónomos, imaginativos, trabajadores y esforzados. Ni una ley educativa que los iguale a todos por abajo, ni una rentita vitalicia que fomente vagos, ni una unificación lingüística que proclame el uso exclusivo y excluyente del bable o del panocho. Y aquí si diré  Viva Asturias, que es España y todo lo demás es reconquista. Y Viva Murcia, donde tengo amigos y belleza. Ni tampoco un tratamiento sanitario olvidando enfermedades y casos raros. En mi paso por el mundo comunista pude ver que la diálisis era solo para los camaradas del comité central.

El autor con el rey D Juan Carlos y el jefe de su Casa Fernando Almansa

Y digo  todo esto porque he vivido orgulloso, digno y contento con nuestra monarquía parlamentaria amparada por la vigente Constitución de 1978. No olvido los esfuerzos por conseguir una transición desde la última dictadura, dictablanda en su largo estertor, a una democracia europea y atlántica, sin olvidar Iberoamérica, ni nuestro idioma universal, que siempre he llamado español.

En el pelotón de cabeza

Mi generación no conoció más que de oídas la última guerra civil, la cuarta y  última de la historia; ha gozado de paz, progreso y libertad, pese a represalias, exilios y persecuciones, y hemos conseguido llegar al pelotón de cabeza de las naciones de este mundo. De la nueva plaga saldremos, más débiles y empobrecidos, pero saldremos.

A pesar de tener el peor de los gobiernos de la era democrática con esta nueva coalición sanchista-comunista, los españoles vivimos, el más largo periodo de avances y tranquilidad de nuestro recuerdo, con todos los lamentos y aflicciones sufridas por el pueblo.

D.Juan Carlos en Berlín ante la antigua embajada de España, escucha las explicaciones del embajador Ortiz acompañado de sus hijos Marta y José María

El Rey Juan Carlos I se ha ganado ya un lugar de privilegio en la historia moderna de España, de Europa y del mundo. No voy a quitar su retrato de mi casa, ni creo que los españoles de bien vayan a retirarlos.   

Si los descendientes de terroristas y asesinos, los predicadores de tiranías y totalitarismos y los nostálgicos de fracasadas repúblicas, la corta y la más larga de injusticias y venganzas y generadora de nuestro conflicto fratricida, y los ilusionistas de felices arcadias racistas y orates, son quienes proclaman  una cacería de aristócratas y añoran un Ekaterimburgo, razón de más para no apartarnos de la senda bien trazada, aunque se pueda reparar su pavimento. ¡Al ladrón, al ladrón!  dicen para huir con el botín.

Los comunistas, que según mi experiencia se dividen en dos grupos: o iluminados rematadamente imbéciles o sinvergüenzas aprovechados, repiten una frase mítica para justificar desde los crímenes de Lenin y Stalin hasta las tiranías cubanas, nicaragüenses o chinas: el balance global es positivo.  

Su Majestad Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica supera en su actuación  por muchos codos a indemostradas acusaciones, errores humanos, pecados o debilidades. Una imputación iniciada por bolivarianos totalitarios y extremistas contrarios a nuestro sistema de convivencia refleja sobretodo odio y falsedad. 

Prefiero seguir la llamada de Jesús de Nazaret, quien sí sabía de las culpas de la magdalena, y dijo quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. No creo que muchos quieran lapidaciones; yo desde luego no quemaré ningún retrato de quien sigue siendo un rey humano y querido.

Mi último contacto con Don Juan Carlos fue telefónico, por medio de un buen amigo, para transmitirle mi pésame por el fallecimiento de su hermana la Infanta Pilar. Ya retirado también él, le encontré en una celebración del aniversario constitucional y con su jocoso estilo me dijo ¡Pues anda que yo!, como respuesta a su pregunta de qué tal andaba y habiéndole contestado  que no corría mucho.

De Bucarest a Estambul

Cabría alargarme en recuerdos de más de cuarenta años de Carrera Diplomática y de quince como embajador, su representante en el mundo. Aquí solo sacaré a nuestra ventana al mundo uno de Estambul, donde mi mujer y yo habíamos ido a pasar unos días de vacaciones desde Bucarest, Rumanía, mi puesto entonces y coincidimos con su visita de Estado a Turquía. Salíamos Lola y yo de la gran cisterna romana en los bajos del antiguo hipódromo de Constantino y vimos revuelo de gente y gendarmes; nos acercamos a la comitiva oficial llegando a la mezquita azul; para junto a otros turistas ver pasar a los Reyes. Juan Carlos miró para saludar a los ciudadanos que le aplaudían y al verme, se acercó y con gesto serio me preguntó ¿Y tú qué haces aquí?

No sembremos vientos para no recoger tempestades. Roguemos que Santiago cierre España y no la abra a las furias ni a las turbas. 

Antonio Ortiz y su esposa en la recepción ofrecida por los reyes al presidente de Hungría en visita oficial a España

Que el Rey Felipe VI, que guarde Dios muchos años, siga, prudente y esforzado, siendo el símbolo de la unidad y permanencia del Estado y modere el funcionamiento regular de las instituciones, según el artículo 56 de nuestra carta magna.

Y larga vida y salud  para Juan Carlos de Borbón y Borbón, mi contemporáneo (por pocos meses) y con quien he compartido y comparto patria y patriotismo bajo la bandera roja y gualda.

Los detractores de los muchos monarcas que figuran en la historia de la piel de toro desde Recaredo hasta Boabdil pueden con facilidad atacar a alguno como el rey felón. Pero los tiempos y las circunstancias mandan y Fernando VII, fue recibido en Madrid con arcos triunfales y su puerta de entrada en piedra le llama, el Deseado, padre de la Patria, restituido a sus pueblos, exterminada la usurpación francesa, el Ayuntamiento de Madrid consagra este monumento de fidelidad, de triunfo y de alegría, Año MDCCCXXVII.

Los manifestantes  del anarquismo, los anti-sistema y demás chusma podrían recorrer las calles en una nueva manifestación para ampliar los contagios y pedir la modificación de la historia. Yo les pregunto aquí

¿QUERÉIS DERRIBAR LA PUERTA DE TOLEDO?

Antonio ORTIZ GARCÍA . Embajador de España

EN LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS

Con esta expresión no nos referimos a ningún acontecimiento futuro, como si la plenitud hubiera de esperarse más adelante, quizás como fruto de una evolución perfectiva de la humanidad. San Pablo, escribiendo a los Gálatas (4, 4), señala con estas palabras el cumplimiento de las promesas de Dios para la salvación de los hombres, mediante la anunciación a María del designio divino.

“María es invitada a concebir a aquél en quien habitará «corporalmente la plenitud de la divinidad»  (Colosenses 2, 9). La respuesta divina a su «¿cómo será esto, puesto que no conozco varón?» (Lucas 1, 34) se dio mediante el poder del Espíritu: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (Lucas 1, 35)” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 484). 

La plenitud de los tiempos ha ocurrido ya. El año 2.000 hemos celebrado un especial aniversario de aquel acontecimiento que está en el centro de la historia humana, y que le confiere plenitud de significado.

            De Jesucristo afirma el Credo que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen. La fe católica acerca de Cristo ilumina la figura esplendorosa de María: Dios envió a su Hijo a la tierra, y para darle un cuerpo humano quiso la libre cooperación de una criatura, de una mujer, bendita entre todas las mujeres. Escogió desde toda la eternidad, para ser la Madre de su Hijo, “a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María” (Lucas 1, 26-27). Para ello, María “fue dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante” (Conc. VATICANO II. Const. Lumen gentium, n. 56). Fue llena de gracia desde el primer instante de su ser natural: es lo que llamamos la inmaculada concepción de María, verdad de fe proclamada por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854. Es una abundancia de gracia del todo singular: ella es “redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo” (cf. Ibidem, n. 53). Por una especial ayuda de Dios María permaneció pura de todo pecado personal, a lo largo de toda su vida terrena.

            Así cuando le llega el anuncio e invitación del arcángel Gabriel, la Virgen está preparada: concebirá y dará a luz al Hijo del Altísimo, por la virtud del Espíritu Santo, sin intervención de varón. Y Ella responde: “He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1, 37-38). De esta manera se entregó por completo al designio divino de la Redención de los hombres, a través de la Encarnación de su Hijo. Los Evangelios llaman a María, en repetidas ocasiones, la Madre de Jesús; y como Jesús es Dios, en la unidad de su única Persona divina, María es por ello Madre de Dios.

            A la vez la fe católica proclama la virginidad perpetua de María, ya desde las primeras formulaciones de la fe. “Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra” (Catecismo…, n. 496). Es una obra divina, que está por encima del poder y de la comprensión de los hombres. El ángel manifestó a José: “Lo concebido en ella viene del Espíritu Santo” (Mateo 1, 20). Es el cumplimiento de la promesa, hecha siglos antes, a través del profeta Isaías: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo” (Isaías 7, 14).

Adoración de los reyes. Tabla hispano flamenca.

            La fe cristiana, en su paulatina profundización, ha confesado la virginidad real y perpetua de María, la siempre Virgen; antes del parto, en el parto y después del parto. El nacimiento de Cristo “lejos de disminuir consagró la integridad virginal” de su madre (Conc. VATICANO II. Const. Lumen gentium, n. 57). Si bien el Nuevo Testamento menciona a los hermanos y hermanas de Jesús, lo hace siguiendo la usanza bíblica de llamar de esta manera a los parientes próximos: primos, tíos, sobrinos, etc., tal como aparece claramente en diversos pasajes del Antiguo Testamento. “Jesús es el Hijo único de María. Pero la maternidad espiritual de María se extiende (cf Juan 19, 26-27; Apocalipsis 12, 17) a todos los hombres, a los cuales Él vino a salvar: «Dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el mayor de muchos hermanos (Romanos 8, 29), es decir de los creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de madre» (Conc. VATICANO II. Const. Lumen gentium, n. 63)” (Catecismo…, n. 501).

            La virginidad de María destaca la plena iniciativa de Dios en la Encarnación. “Jesús no tiene como Padre más que a Dios” (Catecismo…, n. 503); así como la plena disponibilidad y fidelidad de María. Ella es la nueva Eva, madre de la humanidad redimida, con una fecundidad sin igual. Es figura y ejemplar de la Iglesia: “La Iglesia se convierte en Madre por la palabra de Dios acogida con fe, ya que, por la predicación y el bautismo, engendra para una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios. También ella es virgen que guarda íntegra y pura la fidelidad prometida al Esposo” (Conc. VATICANO II. Const. Lumen gentium, n. 649).

Rafael María de Balbín (rbalbin19@gmail.com)

IMÁGENES EN EL CONFINAMIENTO

Recuerdo una serie inglesa de televisión, años 80, en la que una gran burbuja flexible y transparente se aparecía cada vez que el confinado en una isla paradisíaca pretendía huir para recuperar la libertad. Había trabajado para unos servicios secretos, se supone que británicos, que le confinaban de por vida. Una especie de Bond caído en desgracia.

En los confinamientos impuestos lo verdaderamente negativo es la imposición en si misma. Sin embargo el tiempo se deforma y flexibiliza, desmintiendo a Kant y ofrece posibilidades insospechadas de reflexión. Uno de los resultados podría ser la percepción de que la reclusión impuesta no deja de ser nada más que una limitación de segundo orden. Esto es, como una “matryoshka” dentro de otra más vasta pero mucho más necesaria de penetrar. Esa otra muñeca rusa no es otra que la isla paradisíaca de la que un cierto día comenzamos a tener conciencia.

Día de El Corpus Cristi en Madrid. Calle Ramón De la Cruz, circa 1942. Llevando la comunión a los enfermos

 En mi caso, comienza con un niño, visillo en la mano, mirando por una ventana hacia la esquina de enfrente. El panorama era una calle y la tienda “RUIZ OGARRIO. ULTRAMARINOS”. Y esa gran matrioska está ahí, mostrenca y aparentemente impenetrable, como un gran contenedor de recuerdos de los que algunos pocos destacan con estabilidad de cimientos. Diez años de colegio cercano, lo que permitía ir sin ser llevado, primera escuela de libertad origen de pocas amistades pero profundamente sólidas. Una columna con su imagen de la Virgen del Pilar que aparece estable, nítida en la memoria cuando se requiere su presencia. Y la pregunta definitiva de los años de universidad: ¿Hay algo fuera? ¿Se puede salir al exterior de la gran matrioska? Después de algo de Física, el formalismo aparentemente vacío de la Matemática y  las realidades profundamente humanas del Derecho, bastante de Historia y no poca Filosofía, la respuesta definitiva solo la dan unos cientos de testigos de la resurrección de un individuo crucificado hace más de dos mil años. Hay un espacio fuera de la gran matrioska y el resucitado abrió la puerta, removió la burbuja. Algunos recuerdos cristalizados siguen ahí como hitos de referencia. Una mirada a los bancos de la Universidad Complutense que lleva a descubrir la persona definitiva.

Islotes Es Vedra y Vedranell, puerta de los freos de Ibiza

Unas colinas rocosas, plantadas en el mar de Ibiza, aparecidas de repente, como fantasmas semiescondidos en la neblina de la madrugada, ante la borda del “J.J. SISTER”, barco de la Compañía Transmediterranea ya viejo en los sesenta. Un niño de cuatro años comiendo, todo serio, un bocadillo en el tambucho de un velero construido en Burnan-on-Crouch en los años treinta, mientras bordeaba la isla de Conejera.

El «Taube II». Velero construido en Burnan-on-Crouch en 1936

Tres pajarillas en libertad vigilada volando por Ibiza y el compartir con amigos de Santa Eulalia los fuegos de artificio el día de san Ciriaco. El espacio luminoso y oscuro, netamente real y simbólico a la vez, en dos zonas de la mente, al despertar en una uci. La sonrisa serena de un sacerdote que escuchó veinte años de confesiones y que pasó al otro lado de la matrioska por apoyar con naturalidad generosa a un paciente golpeado por el Covid. Una parte de su vida de ingeniero pasada entre máquinas de extrusión de plásticos y el resto reparando almas en un confesionario.

El confinamiento, la desescalada, la esperada libertad de moverse, traen las imágenes de recuerdos que adquieren la condición de puntos de referencia, de unos tiempos llenos de sentido gracias a aquellos testigos que nos legaron la memoria de un resucitado.

¡PACTE O VÁYASE, SEÑOR SANCHEZ!

Cada día empeoramos. A pesar de los repetidos sermones y de las expresiones de autosatisfacción de unos y otros, y si quisiera –que no quiero- ser políticamente correcto, diría y unas y otras, la cosa va de mal en peor.

El gobierno todavía democrático, de la coalición sanchista-comunista, a pesar de los negros (¿o rojos?) nubarrones, sigue su marcha triunfal con sus desescaladas, o desescalabros, y sus fases, etapas o jornadas hacia un nuevo amanecer, donde todos seremos más fuertes, más ricos y más jóvenes y vigorosos.

Sede de la O.C.D.E. en París

Sin embargo, la Unión Europea, la Organización de Cooperación y Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional, el mundo capitalista -¡Vade retro!- ha dicho que si algo se hizo bien fue gracias a la reforma laboral y sin ella, España no habría salido adelante de la crisis anterior.

Este juego que están haciendo en pleno coronavirus es muy grave, dice el presidente de la COEE Antonio Garamendi, en El mundo de 2.06.2020:   «El país no se puede parar, nos jugamos la recuperación. Con cierre total costará levantarnos», pero defiende que para asegurar la recuperación debe cambiar la política económica sin tocar la reforma laboral. Un centenar de personalidades empresariales se ofrecen a diseñar la recuperación.

Se trata, a mi parecer, de un camino para recuperar la normalidad, la de siempre, ni nueva ni vieja. Hay clamor general de una ciudadanía que reclama unidad para superar la bronca política. Un llamamiento a consensos útiles que sirvan para cerrar la crisis sanitaria y afrontar la reconstrucción de una España que viene políticamente inestable, económicamente rota, socialmente convulsa, dice Zarzalejos en El confidencial.

Dada mi provecta edad, gracias a Dios, no me faltan los recuerdos y sacaré aquí algunos y variados.

No sólo Felipe González Márquez, también compañeros, amigos y parientes de diferentes posiciones ideológicas desean y esperan un acuerdo entre los grandes partidos, sin los separatistas ni los comunistas. Así lo ha dicho en su reciente comparecencia telemática en el Nueva Economía Forum. Pidió una sucesión de pactos de Estado en el marco constitucional, sin la participación de los grupos a quienes no interesa la reconstrucción económica y social de España. Sobre la reforma de la Constitución piensa que no hay mimbres para hacer ese cesto.

Hace un par de días le llamé desde esta ventana al mundo.  El panorama español de hoy me lleva a pensar, igual que otros veteranos que los rectores de nuestra vida política vestían otra talla. No todos tenían la labia de Felipe, pero sacaban las castañas del fuego.

La esposa de Inocencio Arias y Antonio Ortiz con
José María Aznar en 1998 en la residencia oficial de la representación de
España ante la O.N.U. en Nueva York

José María Aznar, que alguna vez me dijo con su dedo acusador que no compartía mis opiniones, pero las escuchaba con cortesía, enderezó la economía del reino y nos facilitó el respeto de esta Europa que confiamos siga siendo real sin fronteras ni cambios de moneda. 

El Rey Felipe VI el esforzado, heredero de la historia de una de las grandes naciones del mundo, y que los españoles de no debemos nunca olvidar, se ve sometido a vientos y galernas, pero sigue siendo el fuerte mástil del galeón de España en las peligrosas aguas que los virus contagiosos y las ideas totalitarias agitan sin cejar. Es un referente y un interlocutor escuchado y respetado allende nuestras fronteras. Una vez más, le aplaudo desde esta ventana al mundo.

Antonio Ortiz, embajador en Ghana y su esposa Lola López-Cámara con SS Juan Pablo II y el cardenal Casaroli en la Nunciatura Apostólica en Accrá (1980)

Hay todavía en España muchos ciudadanos que tienen Fe, practican la Caridad y mantienen la Esperanza. Confiemos en salir de este diluvio universal y ver la paloma con su rama de olivo volar al sol. No está prohibido, como en las dictaduras totalitarias,  esperar un milagro. El Papa Juan Pablo II consiguió terminar la opresión comunista en su Polonia natal con la fuerza de la palabra y de su espíritu. Para esta España, que visitó y apreció con sus gentes y su tradición religiosa, puede ser al abogado y protector del ataque de furor comunista que padece. Pidamos que sea sólo una epidemia que cese con el virus. Es una buena vacuna. 

Marco Tulio Cicerón

Marco Tulio Cicerón hace en De Senectute un canto a la vejez. En la antigua Roma,  civilización propia de la que nos sentimos seguidores en el habla y la cultura, nos muestra a Catón el Viejo, un vigoroso anciano de ochenta y cuatro años, conversando con dos jóvenes admiradores suyos. Yo no creo que los tenga, pero me inspira y da fuerza para seguir.

Dicho todo esto en mi senectud y con tambaleante fe en la providencia, tampoco creo mucho en las llamadas redes sociales, pero cada día son más usadas, ahora que se habla poco y se cartea menos. Mis nietos pequeños han nacido con un ratón (con cable o sin cable) en la mano y son prueba de la influencia de tales técnicas. Pueden sin embargo  ser una vía de influencia para que los lectores y seguidores, que espero cada día más numerosos, de nuestra bitácora, lancen en sus sofisticados celulares, tabletas, teléfonos inteligentes y menos listos, este grito de salvación: 

¡PACTE O VÁYASE, SEÑOR SANCHEZ!

¡PACTE O VÁYASE, SEÑOR SANCHEZ!

Quizás sea mejor lo primero, que ya nos arreglaremos los supervivientes.

Antonio ORTIZ GARCIA Embajador de España

FELIPE PUEDE VENCER AL FUROR

Acabo de llegar a mi casa tras volver, al cabo de tres meses de reclusión domiciliaria, al Museo del Prado. He recorrido la excepcional muestra que la gran pinacoteca ha preparado para el regreso a la vida más cercana a la normal. 

He tenido la suerte de encontrarme al Profesor Falomir, a quien he felicitado efusivamente por su trabajo. Nuestra brevísima charla ha tenido por testigo al gran Cesar Carlos, que mostraba íntegra su anatomía, en hercúlea interpretación de Pompeo Leoni. Su único ropaje, despojado de la armadura, son unas sandalias con las que parece aplastar la hombría del turco encadenado a sus pies.  Pregunté al insigne director si mi percepción era correcta y obtuve la sagaz respuesta de que así se vencía al Furor, tal como se describe la escultura.

Al abrir mi única oficina, en la red, aparece un mensaje de mi amigo y compañero Servando de la Torre, quien me recomienda una conferencia de Felipe González Márquez, que se acababa de celebrar en Nueva Economía Forum, también en la nube –on line, dicen en la actual anglófonofilia –  con la posibilidad de escucharlo. 

Tras oír las sensatas y medidas palabras del hombre de Estado que nos llevó a Europa, y que rectificó ante la OTAN, me gustaría añadir que me alumbra una esperanza. 

Las noticias del día, con los informes de la OCDE, hunden en el pesimismo a todo español consciente. Junto ambas vivencias de hoy digo; Felipe sálvanos. Puedes vencer al Furor. 

 De mis encuentros con González tengo grabadas varias imágenes, que mi memoria en ocasiones brumosa, todavía guarda. En la Moncloa, a poco de mi desembarco en la Rumanía (para mi Bucarest II) postcomunista como embajador del Reino en 1992, preguntó con su entonces mayor acento sevillano, ¿Qué esperan allí tras el fin de la dictadura? (las esencias de los Ceaucescu todavía no se habían evaporado del todo):

Antonio Ortiz, embajador de España en Bucarest, con el presidente Felipe Gonzalez

– Todos quieren ser Felipe González, fue mi respuesta. El prestigio de nuestro gobierno en el año de la Expo y las Olimpiadas había alcanzado su más alto nivel y el Rey Juan Carlos era uno de los jefes de Estado más admirado del planeta. Los nuevos políticos balcánicos, viejos apparatchiks, nos miraban y admiraban por ser la patria de Trajano, nuestro paisano hispalense y padre de la nación geto-dacia, heredera de los mílites romanos en su unión con los dacios.

En su respuesta a temas de los participantes en el acto informatizado de hoy, Felipe González afirmó con decisión que la actual Venezuela y Nicaragua no son países democráticos y descalificó a quienes aspiran a destruir nuestro actual entramado constitucional. Los herederos del pensamiento marxista leninista de la dictadura rumana que lanzan piedras de su furor iconoclasta contra el techo de nuestra casa común, pueden ser vencidos con la receta del pacto español y europeo que predicaba hoy Felipe.

Violeta Chamorro elegida presidenta de Nicaragua en 1990 por la Unión Nacional Opositora

En anteriores recuerdos de mis cuatro años en el Berlín -1984-88- rodeado por un vergonzoso muro, aparecen los dirigentes alemanes y su especial relación con González, quien hoy elogió a Merkel y a sus antecesores en la Cancillería.  La capital histórica de Alemania era sede de reuniones y conferencias y alguna una vez me tocó acudir como Cónsul General de España; la cuestión repetida de Willy Brandt era Wo ist Felipe?.  Y hoy contó que a la caída del muro le telefoneó a él y al artífice de la posterior reunificación germana.

 Al referirme a los actores de la caída del muro yo recordaba, y así lo he escrito en un trabajo pendiente de publicación por la Universidad de Valladolid,  que  “nuestro jefe de gobierno mantenía cordial amistad con su correligionario Willy Brandt, como con el Canciller Helmut Kohl. En una ocasión, hizo unas declaraciones públicas en que afirmó este muro se cae con el diálogo. Muy lejos estábamos de ver convertirse en realidad aquella chocante afirmación al sentir cotidianamente la presión del muro. 

Felipe Gonzalez y el Presidente de la Republica Federal Alemana R. von Weizacker

Estas recetas –diálogo, pacto, europeísmo, interés de la mayoría, recuperación económica, ausencia de crispación, calma, serenidad, experiencia- y el discurso constructivo de Felipe González Márquez pueden aplastar el furor neocomunista del principal socio del sanchismo. Que el Emperador, en su esplendida desnudez, sea el numen de un mejor futuro para la tierra en la quiso morir y descansar. 

Claro, que como me dice un amigo, prestigioso otorrinolaringólogo que también escuchó gustoso el coloquio de Felipe González, no hay peor sordo que quien no quiere oír. Pero somos cada vez más y en toda la geografía española seguiremos levantando la voz y con la fuerza de la palabra y el pensamiento conseguiremos despejar las amenazadoras nubes de la tormenta.

Antonio ORTIZ GARCIA. Embajador de España

JUNTAS, PERO NO REVUELTAS

Quizás sea éste un modo sencillo de decir lo que expresó el Concilio Ecuménico de Calcedonia, del año 451, a propósito de la divinidad y la humanidad de Cristo, en la unidad de una sola Persona: “Siguiendo, pues, a los Santos Padres, enseñamos unánimemente que hay que confesar a un solo y mismo Hijo y Señor nuestro Jesucristo: perfecto en la divinidad, y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre compuesto de alma racional y cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad, y consubstancial con nosotros según la humanidad, «en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado» (Hebreos 4, 15); nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad; y por nosotros y por nuestra salvación, nacido en los últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la humanidad. Se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo único en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. La diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por su unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y confluyen en un solo sujeto y en una sola persona”.

            A este propósito enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 464): “El acontecimiento único y totalmente singular de la Encarnación del Hijo de Dios, no significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo humano. Él se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. La Iglesia debió defender y aclarar esta verdad de fe durante los primeros siglos frente a unas herejías que la falseaban”.

            Las primeras herejías (el docetismo de los gnósticos) negaban que Jesucristo tuviera una humanidad verdadera. La fe cristiana defendió desde los tiempos apostólicos la verdadera encarnación del Hijo de Dios. Más adelante el Concilio de Nicea, del año 325, aclaró la divinidad de Cristo, frente al error de Arrio que afirmaba que sólo era una criatura de Dios. Después apareció la herejía de Nestorio, que separaba en Jesucristo la divinidad de la humanidad, afirmando en Cristo dos personas distintas, en lugar de la única Persona divina. Por esta razón, Nestorio llamaba a la Virgen Madre de Cristo, pero no Madre de Dios: la consideraba Madre de la persona humana de Cristo, pero no del Verbo divino. El Concilio de Éfeso (año 431) afirmó que María es verdaderamente Madre de Dios, por serlo de su humanidad, inseparablemente unida a la Persona del Verbo. Más tarde los monofisitas negaron la humanidad, al sostener sólo la realidad de la naturaleza divina. El quinto Concilio ecuménico de Constantinopla, del año 553, reafirmó la plena unión de las dos naturalezas en la única Persona de Cristo: “El que ha sido crucificado en la carne, nuestro Señor Jesucristo, es verdaderamente Dios, Señor de la gloria y uno de la Santísima Trinidad”.

            “La Iglesia confiesa así que Jesús es inseparablemente verdadero Dios y verdadero hombre. Él es verdaderamente el Hijo de Dios que se ha hecho hombre, nuestro hermano, y eso sin dejar de ser Dios, nuestro Señor” (Catecismo…, n. 469).

            En la unión misteriosa de la Encarnación “la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida” (Conc. VATICANO II. Const. Gaudium et spes, n. 22). Jesucristo tiene un cuerpo humano, y también un alma humana con su inteligencia y su voluntad. Y a la vez “la naturaleza humana de Cristo pertenece propiamente a la persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido. Todo lo que es y hace en ella pertenece a «uno de la Trinidad». El Hijo de Dios comunica, pues, a su humanidad su propio modo personal de existir en la Trinidad. Así, en su alma como en su cuerpo, Cristo expresa humanamente las costumbres divinas de la Trinidad (cf Juan 14, 9-10)” (Catecismo…, n. 470). Dios se ha acercado estrechamente a nosotros, nos ha tendido su mano para salvarnos. “El Hijo de Dios (…) trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nació de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros” (Conc. VATICANO II, Ibidem).

            El alma humana de Jesucristo estuvo dotada de un verdadero conocimiento humano: limitado y progresivo en el espacio y en el tiempo. Ese conocimiento expresaba la vida divina de su persona; por él conocía íntimamente al Padre y también los pensamientos del corazón de los hombres. Su voluntad humana se ajustó siempre perfectamente a la voluntad divina, con toda libertad. Su cuerpo era concreto y limitado: por eso se puede representar la faz humana de Jesús en las imágenes sagradas, y adorar a través de ellas a su Persona divina. “Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: «El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2, 20). Nos ha amado a todos con un corazón humano” (Catecismo…, n. 478).

Rafael María de Balbín (rbalbin19@gmail.com)

RELATO SOBRE EL ESTADO DE ALARMA

Si estuviéramos en circunstancias normales y el gobierno aplicara las normas contra la corrupción que figuran en sus manuales de ética, el delegado del gobierno de la CAM y Fernando Simón habrían sido destituidos y la señorita Lastra desautorizada. 

Con independencia de que las investigaciones tengan o no visos de prosperar, se  irían por el mero hecho de ser investigados. Pero estamos en una situación tan perversa que el destituido ha sido el coronel Pérez de los Cobos, y el dimitido el teniente general Laurentino Ceña. La gestión del estado de alarma ha llevado a que los judicialmente sospechosos de haber contribuido a difundir por negligencia la pandemia sigan en sus puestos y los encargados de mantener la seguridad jurídica, en cuya impoluta biografía no es necesario insistir por haberla reconocido el propio ministro, dejen los suyos por cumplir su función. Si la medicina aplicada a Rajoy por una frase interpolada en una sentencia se aplicara ahora, el gobierno en bloque dimitiría. Ya sabemos que no va a ocurrir. Más bien al contrario, cuanto más arrecia el viento, más se ajusta el gobierno el abrigo al cuerpo.

Comenzó a descentrar el eje de rotación para llegar a este mundo al revés, cuando Sánchez llamó aliados a los enemigos del ordenamiento que lo legitima como jefe del ejecutivo y trató como enemiga irreconciliable a la leal oposición. Desde la declaración del estado de alarma el rumbo de la excentricidad se ha acelerado para extraviar su paralaje. Ha convertido en norma el desafío continuo al ordenamiento. Entregado al desenfreno para satisfacer el ansia de poder que subordina las decisiones a las condiciones impuestas por sus socios anómalos, el gobierno se ve forzado a tapar los excesos con nuevos excesos. El desvío de poder lo encubre la incesante campaña propagandística que presenta, como ingrediente de la nueva normalidad, recurrir a la colaboración de los anticonstitucionales.

Ya no es solo el Manual de resistencia lo que hace preocupante la situación. En ninguna parte está escrito que haya obligación de resistir pasándose al bando enemigo. Consecuencia del rumbo emprendido, cuantos más esfuerzos por taparlos, más motivos de descrédito aparecen. Cuantos más motivos, más forzados al juego de camuflar la realidad inconfesable bajo la fabricación de apariencias. Cuantas más prórrogas, más se resiente el ordenamiento democrático. Cuanto más se sofoca el control democrático, más alto el tono del “resistiré” gubernamental. Debilitado por las alianzas, criticado por sus aliados, el menguante respaldo parlamentario del gobierno, cautivo de exigencias inaceptables derivadas de los pactos inconfesables con sus socios, más se ve dispuesto a forzar los fundamentos de la legalidad democrática. 

El golpe de mano para prescindir del coronel López de los Cobos y colocar en su lugar a un afín, es el nuevo paso de este inquietante desafío. La embestida del toro rejoneado es la más imprevisible y dañina. Tiene que trocar en fortaleza la causa de su debilidad para aguantar ante el burladero. El gobierno es un astado señalado por las banderillas de la justicia. Dispuesto a lo que sea para mantenerse, lo seguro es que arreciará en sus embestidas. Y como el gobierno es una coalición en la que cada parte depende de la otra, es un cálculo ilusorio esperar que pueda erosionarse. Iglesias se abrazará a Sánchez y Sánchez abrazará a Iglesias con más intensidad si cabe. En estas calendas ya es indiferente cual sea el desenlace de las investigaciones en curso. Hay que temer más al interés que los aglutina y al contagio de intenciones para perdurar. Si Iglesias menosprecia una constitución que no responde a las “bases materiales de las bases sociales”, el manual de resistencia puede reemplazarse por un plan de derribo de la alternancia que va pergeñándose en los recovecos de la Moncloa. La alianza con el independentismo a través de Podemos puede ir tan lejos como a ambos les interese para permanecer.

Durante la sucesión de estados de alarma se han tejido sin disimulos los mimbres anticonstitucionales de los que depende la inestabilidad gubernamental. Ahora son recursos que aseguran la permanencia de este equilibrio inestable. Las decisiones sanitarias adoptadas han ido a la par de la geometría variable administrada para neutralizar cualquier posibilidad de control de la oposición. Lo grave no fue que lo excepcional se hiciese normal, sino que la aplicación del ordenamiento legal haya servido de cauce a la arbitrariedad jurídica. Lo más preocupante hoy no son los intentos para traspasar líneas rojas o negras, sino el descaro con que se hace. Bajo la cobertura de medidas de salud se ha construido un relato paralelo para desactivar a la oposición democrática: no son los socios del gobierno los que lo acosan. Es una oposición desleal la que obliga al gobierno a echarse en manos de los acosadores.

Para contrarrestar la progresiva desafección provocada por una gestión negligente, el gobierno encargó a su central un relato alternativo que ya presenta al ciudadano contagiado por el virus propagandístico. El golpe de mano de Marlaska para destituir al coronel muestra que están dispuestos a ir tan lejos en cada circunstancia como sea preciso para situar a la oposición en el espacio más reducido posible. Ahora, el voto negativo del PP es una traición de una derecha desleal y desnortada que hace depender la salud de los españoles de la colaboración del gobierno con los antiespañoles. Aunque un cuento chino fuera más creíble, la insidia muestra por donde van los tiros cuando es necesario. Lo más peligroso es que define un plan de acoso y derribo de la alternancia para mantener a largo plazo las alianzas de la investidura. Ahora Sánchez e Iglesias van unidos por el mismo lazo. Quiera o no quiera, Vox hace de tonto útil en este relato. Es un espantajo que necesitan airear los confabulados para hacer más creíble su patraña.

¿POR QUÉ UN DIOS-HOMBRE?

Ésta es la pregunta que se hace San Anselmo de Canterbury, dando con ella título a una de sus obras más conocidas, acerca de la Encarnación del Hijo de Dios y de la Redención de los hombres. 

Los teólogos se han preguntado a menudo sobre las razones y la conveniencia de la Encarnación, y se han planteado si ésta hubiera tenido lugar en el caso de que el hombre no hubiera pecado, en razón de la plenitud y reinado de Jesucristo sobre toda la creación. De todos modos esto no hace sino proponer un supuesto hipotético, ya que de hecho e históricamente el hombre pecó. Podemos conocer con certeza lo que ocurrió, no tanto lo que hubiera ocurrido en el caso de que no hubiera acontecido una tal desgracia. Es lo que la fe cristiana confiesa con el Credo Niceno-Constantinopolitano: “Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”. Se enuncia así, en pocas y directas palabras, el motivo principal de que el Hijo de Dios se haya hecho hombre.

            Podemos preguntarnos, más en detalle, por el significado de esta afirmación principal de la fe cristiana. Y responder que el Verbo se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios: “Dios nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4, 10). Tal como comenta San Gregorio de Nisa: “Nuestra naturaleza enferma exigía ser sanada; desgarrada, ser restablecida; muerta, ser resucitada. Habíamos perdido la posesión del bien, era necesario que se nos devolviera. Encerrados en las tinieblas, hacía falta que nos llegara la luz; estando cautivos, esperábamos un salvador; prisioneros, un socorro; esclavos, un libertador” (Or. catech. 15).

            Hay otra razón de suma importancia: “El Verbo se encarnó para que conociésemos así el amor de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 458). Así lo expresa claramente el evangelista San Juan: “En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él” (1 Juan 4, 9); “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3, 16). Para persuadirnos del inmenso amor que Dios tiene por los hombres es muy importante reflexionar despacio en la realidad de la Encarnación y Redención. Dios nos ama, a cada uno de nosotros. No estamos solos. No estamos nunca dejados de la mano de Dios.

            Para nuestra búsqueda del bien necesitamos un paradigma, un ejemplar de vida virtuosa. Los hombres aprendemos no sólo escuchado o leyendo, sino sobre todo imitando. Y “El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad” (Catecismo…, n. 459). No sólo las palabras, sino la vida entera de Jesucristo es un ejemplo vivo: “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11, 29); “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Juan 14, 6). La ley nueva del amor a los demás por Dios, en una verdadera donación de sí, encuentra en Cristo su ejemplar: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Juan 15, 12).

            Con ello, además, nuestra condición humana es elevada hasta límites insospechados: el Verbo se encarnó para hacernos partícipes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1, 4). Con expresión audaz dice San Atanasio: “Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios”. Y con no menos atrevimiento afirma Santo Tomás de Aquino esta sublime verdad: “El Hijo Unigénito de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, asumió nuestra naturaleza, para que, habiéndose hecho hombre, hiciera dioses a los hombres”. No es una divinización autosuficiente, soberbia, que el hombre pudiera llevar a cabo con sus solas fuerzas, sino una iniciativa de Dios a nuestro favor.

            Nos encontramos así ante un profundo misterio, que nos afecta en lo más vivo. San Juan (1, 14) lo expresa diciendo que “El Verbo se encarnó”. Y “la Iglesia llama «Encarnación» al hecho de que el Hijo de Dios haya asumido una naturaleza humana para llevar a cabo por ella nuestra salvación” (Catecismo…, n. 461). Tal como escribió San Pablo a los Filipenses (2, 5-8), siendo Dios se humilló tomando forma humana, obedeciendo el plan amoroso del Padre para nuestra redención hasta la muerte de cruz, y recibiendo en consecuencia la exaltación y el reinado sobre todo el universo.

La fe cristiana afirma que el Hijo de Dios se encarnó verdaderamente. Ello es un claro signo distintivo suyo: “Podéis conocer en esto el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios” (1 Juan 4, 2). Una de las primeras herejías fue el docetismo, que pretendía que la encarnación fue solamente aparente, como si su realidad desmereciera de la dignidad divina. Sin embargo el misterio, en toda su grandeza, nos manifiesta la realidad del amor del Dios-Hombre hacia nosotros.